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En cualquier lugar del mundo, las pasiones, codicias, celos y envidias han inspirado muchas veces la realización de una serie de acciones reprochables a los ojos de la sociedad. Lima no es la excepción y a lo largo de su historia se registran hechos que, en su momento, ocuparon las primeras planas de las crónicas policiales. Uno de esos acontecimientos salpicados de sangre fue el caso de la familia Rocataglia, acaecido en el ahora lejano 1908.

El italiano don José

El protagonista de esta historia fue el italiano radicado en Perú, José Rocataglia, quien tenía fama de avaro, duro y solitario. Tenía una nula vida social, sin amigos, esposa, ni hijos. Se dedicaba cien por ciento a su trabajo, el cual consistía en arrendar los altos de El Jardín de las Delicias, una zona que fue muy frecuentada por los limeños de la época y que se hallaba situada en la calle Malambo del distrito del Rímac.

La historia de don José se inicia con su llegada a Lima con muy poco dinero en los bolsillos, luego de mucho esfuerzo y sacrificio logró estabilizar su alicaída economía, razón por la que tal vez tenía en alta estima el valor del dinero, lo que alimentó su predilección por la soltería, pues consideraba que una esposa generaría gastos innecesarios.

Durante los primeros meses en El Jardín de las Delicias, la casa de don José era oscura, solitaria y silenciosa, reflejo de la personalidad del dueño. Sin embargo, poco a poco, fueron llegando desde Italia algunos familiares del señor Rocataglia como sus sobrinos Antonino y Carlo y posteriormente, la madre de ellos, doña Luisa. La casa tenía habitaciones de sobra, por lo que acoger a sus familiares no representó problema alguno. Se sabe que don José no mostraba mucho entusiasmo por la presencia de sus familiares en la casa, todo lo que él anhelaba era tener cerca a su viuda madre, doña Carlota Boerro, pero la señora se resistía a abandonar su país natal.

El crimen

Así vivieron los Rocataglia durante un tiempo, imbuidos en una tranquilidad rutinaria, la misma que se quebró el 7 de julio de 1908, cuando el cuerpo de don José fue hallado en las afueras de la ciudad lleno de puñaladas, sin duda uno de los crímenes oscuros de época. Fue cuando la alarma se encendió en la policía y en los vecinos de El Jardín de la Delicias. Después del asesinato de don José, todas las miradas se centraron en los deudos, quienes realizaron los funerales con una pompa y lujos que no eran propios de la personalidad del difunto.

Las primeras conclusiones del asesinato llevaron a la policía a pensar que el hacendado había sido atacado por bandidos comunes al caminar por calles peligrosas, los diarios de entonces replicaron estas versiones, pero muchos las encontraron incoherentes y poco creíbles. De ahí en adelante, toda una maraña de sospechas recaería sobre doña Luisa y sus hijos, sobre todo por el despilfarro que hubo en las exequias de don José.

Crímenes ocultos y las investigaciones

La policía manejaba la hipótesis de que los sobrinos ansiaban la fortuna del tío, por lo que una muerte repentina les facilitaría el acceso a ella, doña Luisa les informaría acerca de los movimientos de don José, de esta forma Antonino y Carlo sabrían cómo actuar. Ya decidido el plan, contrataron a un asesino, quien culminaría el trabajo ese fatal día de julio.

Bajo esa premisa la policía inició las investigaciones, pero la familia Rocataglia presentó coartadas muy difíciles de contradecir. Como no había avance, se llegó a sospechar que tal vez la muerte de don José obedecía a algún acto de venganza, teniendo en cuenta el carácter duro y avaro del difunto, pero esto fue luego desechado.

Mientras la policía daba muchas vueltas sobre el asunto, los sobrinos ya habían iniciado los papeles para tomar posesión de la fortuna de su extinto tío, para tal fin habían contratado a un prestigiosos abogado.

Persiguiendo ese objetivo, planearon un viaje a Italia para que la madre de don José les firmara algunos papeles, pero cuando estaban a punto de abordar hacia Panamá fueron detenidos por la policía en el Callao. Tras algunos interrogatorios, la coartada de los hermanos siguió siendo perfecta y el juez no pudo retenerlos por mucho tiempo. Finalmente, los sobrinos de don José pudieron abandonar el país, gracias a la ayuda de su abogado.

Crímenes imperfectos y cierre del caso

Con los hermanos fuera, la atención de las investigaciones se centró en doña Luisa Rocataglia viuda de Porchella quien en sus declaraciones enredaba más aun la trama en torno al asesinado de don José. Por entonces se descubrió que el difunto hacendado mantenía secuestrada a una joven sobrina a quien había embarazado. Aquel niño complicaba las aspiraciones de los sobrinos, pues sería quien heredaría la fortuna de José Rocataglia; razón por la que doña Luisa actuó de manera rápida haciendo que la joven bebiera un preparado que le produjo un aborto fatal.

Dos muertos en El Jardín de las Delicias fueron demasiado para la policía que decidió intervenir con más fuerza y descubrió en la familia Rocataglia toda una intriga de odios y vilezas. Cada evidencia hallada conducía a otra y así sucesivamente hasta que apareció el autor material del asesinato, un sicario llamado Feliciano Casquero, cuyas declaraciones llevaron a que doña Luisa termine sus días en la cárcel. De los sobrinos nunca más se supo nada y el caso fue cerrado.

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