arquitectura peruana la lima que no fue

Este 2019 se cumplen 484 años de la fundación española de la Ciudad de los Reyes, Lima, capital del Perú.

Desde sus orígenes, estuvo destinada a ser el centro del intercambio social, cultural y económico del país y, aun a costa de una monstruosa centralización, la ciudad ha cumplido a cabalidad su papel.

El Centro Histórico de Lima fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1991 y uno de los motivos principales para tal reconocimiento es el hecho de que reúne en su territorio un aproximado de 608 monumentos históricos construidos durante el virreinato.

Esta afición por la monumentalidad no cesó una vez inaugurada la república, por el contrario, muchas de las construcciones hispánicas sirvieron de inspiración a aquellos arquitectos que tuvieron el privilegio de aportar con sus conocimientos, ideas y creatividad al embellecimiento de la ciudad.

Muchas ideas se concretaron y hoy en día no son pocos los turistas que disfrutan admirando la estética y estilo de estas construcciones que han visto desfilar los años y los siglos frente a ellas.

Pero, así como algunos proyectos son hoy concretas realidades, también hubo otros que solo se quedaron en los sueños y la mente de sus promotores. Proyectos que, de haberse concretado, tal vez hubieran dotado a Lima de una arquitectura inimitable en Sudamérica.

La cúpula del Palacio de Justicia

Quien admira la obra arquitectónica que constituye el bien conservado Palacio de Justicia, situado en la avenida Paseo de la República, ni se imaginará que este es en realidad una edificación inconclusa.

El proyecto para la construcción del palacio se inició en febrero de 1908, cuando el presidente José Pardo dispuso que el futuro Palacio de Justicia se construyera en el lado sur de la Plaza San Martín; problemas de índole judicial impidieron el inicio de la obra. Hubo que esperar hasta mayo de 1928 cuando se eligió otro terreno y el presidente Augusto B. Leguía aprobó la construcción del edificio que sería copia fiel del Palacio de Justicia de Bruselas.

Las obras se iniciaron en junio de 1929, pero el golpe de Estado de Luis M. Sánchez Cerro en 1930 paralizó los trabajos hasta 1937 en que el gobierno de Oscar R. Benavides decidió continuar con la edificación, la que fue terminada en 1939, pero sin la cúpula original con la que aparecía en los planos.

Aun así, el palacio fue inaugurado y no fueron pocos los que se extrañaron al notar que no había cúpula alguna que coronara el nuevo edificio, uno de estos agudos observadores fue el propio presidente de la Corte Suprema de Justicia, Manuel Benigno Valdivia.

Según los planos originales la cúpula debía medir 40 metros de altura, la que incluía tres cuerpos de forma cuadrada y estatuas en los vértices. En la parte superior habría una cupulina sobre la que estaría el asta de la bandera.

Conforme pasaban los años, la construcción de la cúpula iba aplazándose constantemente hasta que en 1957 el presidente Manuel Prado se propuso culminar la parte final de la obra antes de advertir que el presupuesto de 700.000 soles en 1939, se había multiplicado a 4.500.000 en 1957.

La cruda realidad, desvaneció todo propósito futuro de coronar el Palacio de Justicia con una hermosa y lujosa cúpula.

Basílica de Santa Rosa

En enero de 1939, la revista “El Arquitecto Peruano”, fundada por Fernando Belaúnde Terry, publicó el proyecto de lo que sería una gran basílica en honor a Santa Rosa de Lima. Tal edificación contaría con un imponente portal, el que estaría coronado con la imagen de la santa limeña. Esta majestuosa entrada estaría precedida por una amplia plaza y un sendero procesional.

Esta obra presentó varias dificultades desde su concepción, partiendo de sus grandes dimensiones y su carácter indigenista que provocó cierto rechazo en sectores conservadores. Tampoco era fácil conseguir un terreno de 35.000 metros cuadrados. La construcción de la basílica contemplaba también la demolición del convento y claustro de Santa Rosa que se encuentra en la avenida Tacna.

Se pensó en el Cerro San Cristóbal como posible lugar para edificar la basílica, pero en abril de 1959, el convento de Santa Rosa fue declarado Monumento Nacional, lo que impedía su demolición. De ahí en adelante no se habló más del asunto.

El urbanismo de Pedro Paulet

En 1933, el prestigioso visionario peruano, Pedro Paulet, concibió un proyecto para modernizar el Rímac. Este proyecto se sustentaba en la construcción de una basílica en honor a Santa Rosa de Lima en la cima del Cerro San Cristóbal, una laguna para hidroaviones alimentada con aguas del río Rímac y un tramo de una carretera interoceánica.

Paulet confiaba en que los altos presupuestos que conllevaba la obra, se verían recompensados por la afluencia de turistas que ingresarían al Perú con el objetivo de apreciar la basílica sobre el cerro. Para él, esta basílica sería uno de los monumentos más grandes del mundo, capaz de competir, incluso, con la Estatua de la Libertad de los Estados Unidos, pues podría ser apreciada desde al aire, mar o tierra. Las extraordinarias ideas de Paulet, no pasaron de ser buenas intenciones.

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